Claude Lévi-Strauss en el pensamiento contemporáneo.
Compiladores: Alejandro Bilbao, Stéphane-Eloise Gras y Patrice Vermeren.
Ediciones Colihue y El Centro Franco Argentino De Altos Estudios • Colección Colihue Universidad
Dominique Fournier • Patricia Gonzalez • Carlos Salamanca • Francois Richard • Enrique Reyes • Juan Mauricio Renold • Maritza Quevedo • Enric Porqueres I Gene • Dorothea Passetti • Bertrand Ogilvie • Pedro Mege • Frederic Keck • Cecilia Hidalgo • Valeria Hernandez • Eduardo Grüner • Carla Gras • Alejandro Dagfal • Philippe Descola • Emilio de Ípola • Marie Cuillerai • Marc Abeles • Marc Auge • Alejandro Bilbao • Guillermo Brinck • Anne Chapman • Ricardo Espinoza • Martine Segalen • Juan Jose Soca • Florencia Tola • Patrice Vermeren • Eliseo Verón • Marcelo Viñar • Stéphan-Eloïse Grass • Alejandro Bilbao • Patrice Vermeren • Horacio González
TEXTO DE CONTRATAPA
TEXTO DE CONTRATAPA
¿Por qué celebrar hoy el Centenario del nacimiento de Lévi-Strauss? ¿Su antropología estructural de la diferencia salvaje y de lo lejano sobrevivió acaso a la disolución, con la globalización de su objeto -la alteridad- y al regreso de la praxis y de la historia en el horizonte de los etnólogos de lo cercano y de lo contemporáneo, de Marc Augé a Marc Abélès? ¿Qué rastros ha dejado en las ciencias sociales y humanas y en la filosofía? ¿La que Derrida le asigna, de haber sido el heredero moderno de la metafísica logocéntrica y de la filosofía de la presencia de Rousseau? ¿O bien la que permitió a toda una generación romper con el existencialismo dominante, sin contar la cavilación heideggeriana de las instituciones académicas, de la que Emilio de Ípola hace un cínico balance? Lévi-Strauss podría ser leído en presente, junto con Alain Badiou, como una filosofía que habría elegido una documentación tan singular como lo es un repertorio, el repertorio de las nomenclaturas de parentesco y el sistema de relatos míticos y cuyo objetivo, claramente spinozista, sería demostrar que en definitiva lo que reina universalmente es la decisión y que existe la necesidad de una filosofía del espíritu. O bien, con Jacques Rancière, que relee Tristes Tropiques como la descripción de un viaje al país de la sociología en el que la lenta muerte de los Nambikvaras no es solamente el último episodio de la conquista civilizadora sino, más que la muerte de los últimos salvajes, la muerte de los últimos verdaderos sociólogos. Otra tarea sería la de enfocar a Lévi-Strauss desde el ocaso del Surrealismo, y de su polémica con Caillois, Bataille y el Colegio de Sociología, interpretable como un retorno de lo inhibido en la época del post-estructuralismo. Se podría, también, pensar en su influencia sobre Lacan y, por lo tanto, interrogarse acerca de la continuidad de los lazos conceptuales entre antropología y psicoanálisis. Y también sobre cómo puede Horacio González exaltar en Quesalid, a un indígena de la tribu Kwakiutl de Vancouver que había contado su vida a Franz Boas y que inspira un célebre artículo de Lévi-Strauss sobre la creencia, la enfermedad y la mentira en Les Temps Modernes: el pícaro de Lévi-Strauss.
Alejandro Bilbao es psicoanalista, doctor en Psychopathologie Fondamentale et Psychanalyse (Universidad de París VII Denis Diderot, Francia). Profesor y director del ísteren Etnopsicología de la Facultad de Filosofía y Educación de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile.Stéphane-Eloise Gras Doctorada bajo la dirección de Nicole D'Almeida en el Celsa (Université de Paris 4-Sorbonne) y de Patrick Vauday (Université de Paris IX- Dauphine). Filósofa y música, estudia la cuestión del valor de los objetos musicales en Internet, así como la mediación estética en contextos industriales y políticos modificados. Actualmente está encargada de una misión para las Ciencias Humanas y Sociales en la Embajada de Francia, en Argentina.Patrice Vermeren es Doctor, profesor de Filosofía e investigador del Laboratorio de Estudios e Investigación de las Lógicas Contemporáneas de la Filosofía de la Universidad de París VIII, director ejecutivo del Centro Franco-Argentino de Altos Estudios de la Universidad de Buenos Aires. Es miembro fundador del Colegio Internacional de Filosofía y de Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO y profesor honorario de la Universidad de Chile.
En los orígenes del “estructuralismo”, Marc Augé (fragmento incluido en el libro)
La obra de Lévi-Strauss se fue construyendo a lo largo de los años, es diversa y trata numerosos temas. Se trata realmente de una obra en cuya riqueza pueden encontrarse varias fuentes de inspiración, aun cuando no nos ubicamos bajo la influencia del estructuralismo. Por otro lado, habría que volver sobre el significado del concepto de estructuralismo. Varios autores de los años 60 han hecho progresar la reflexión sobre la sociedad, prolongando el análisis de Lévi-Strauss de la “alienación a lo social”. En la Introducción a la obra de Marcel Mauss notaba, en efecto, que es aquel que llamamos sano de espíritu quien se aliena, porque consiente en existir en un sistema definido por la relación del yo y del otro. Castoriadis mostró más tarde que todas las instituciones eran sistemas simbólicos sancionados. Althusser señaló que los propios dominantes estaban alienados en la ideología dominante. En fin, lo más claro de la influencia del estructuralismo en las ciencias humanas se expresa en el tema del a priori de lo simbólico. La dependencia del “sujeto” respecto del sistema de sentido (social) que lo preexiste siempre, es uno de los aportes más durables de la obra de Lévi-Strauss. Es la intuición fundamental la que encargó obras diferentes entre sí, bajo otros aspectos. Existe, sin duda, un uso excesivo del término “estructuralismo” en los años 60-70, del psicoanálisis lacaniano al marxismo althusseriano, y Lévi-Strauss, que tenía una concepción precisa y operatoria de su método, no siempre se sintió reconocido. Iría hasta sugerir que es el Lévi-Strauss de la Introducción a la obra de Marcel Mauss, texto partir del cual se conciben varios tipos de investigaciones, el que influenció, ante todo, el “estructuralismo” de las ciencias humanas. La referencia al estructuralismo pudo crear la ilusión de que las ciencias humanas eran, por su método, el equivalente de las ciencias exactas, lo cual no tiene ningún sentido, ya que sus objetos siempre son objetos históricos, tomados de la historia y que varían con ella. El universo que estudian los científicos hoy es el mismo que el del siglo pasado o, si ha cambiado, sus cambios no son históricos, es decir, ligados a una historia que es también la de aquellos que los observan, como es el caso de las ciencias humanas. El estructuralismo permanece actual y útil en tres aspectos. En primer lugar, define un método para el estudio de ciertos fenómenos, como el del parentesco y la alianza, que persiguen los discípulos de Lévi-Strauss, incluso en el contexto de las sociedades industriales. En segundo lugar, ofrece un instrumento de análisis crítico para el análisis de las ideologías y de las ilusiones de la evidencia que nos invaden hoy en día. En tercer lugar, propone un método materialista que aborda el funcionamiento del cerebro por la vía de sus realizaciones institucionales y de sus obras. El cognitivismo toma hoy en día el mismo camino, pero por la otra punta, la del aprendizaje. El agujero entre los dos extremos no está cerca de llenarse, pero la dirección es la correcta. En el mundo actual, el objeto de la antropología es el mismo: la relación, la relación social (entre el uno y el otro, entre el uno y los otros, los unos y los otros) en su contexto. Hoy, es el contexto el que ha cambiado. Se habla de globalización (económica y tecnológica), de urbanización (el mundo se convierte en ciudad y las grandes ciudades son mundos), de comunicación y de circulación. Pero los cambios contextuales afectan a la relación en sí misma. Las fronteras entre el uno y el otro, entre lo actual y lo virtual, lo real y la ficción, se mueven. Por sus objetos empíricos (los pequeños grupos), su objeto teórico (la relación) y su vocación crítica (apta para demostrar todas las formas de mitificación), la antropología tiene una vocación específica que es la de estudiar el mundo contemporáneo bajo su doble y contradictorio aspecto: uniformización y afirmación de las diferencias.
Alejandro Bilbao es psicoanalista, doctor en Psychopathologie Fondamentale et Psychanalyse (Universidad de París VII Denis Diderot, Francia). Profesor y director del ísteren Etnopsicología de la Facultad de Filosofía y Educación de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile.Stéphane-Eloise Gras Doctorada bajo la dirección de Nicole D'Almeida en el Celsa (Université de Paris 4-Sorbonne) y de Patrick Vauday (Université de Paris IX- Dauphine). Filósofa y música, estudia la cuestión del valor de los objetos musicales en Internet, así como la mediación estética en contextos industriales y políticos modificados. Actualmente está encargada de una misión para las Ciencias Humanas y Sociales en la Embajada de Francia, en Argentina.Patrice Vermeren es Doctor, profesor de Filosofía e investigador del Laboratorio de Estudios e Investigación de las Lógicas Contemporáneas de la Filosofía de la Universidad de París VIII, director ejecutivo del Centro Franco-Argentino de Altos Estudios de la Universidad de Buenos Aires. Es miembro fundador del Colegio Internacional de Filosofía y de Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO y profesor honorario de la Universidad de Chile.
En los orígenes del “estructuralismo”, Marc Augé (fragmento incluido en el libro)
La obra de Lévi-Strauss se fue construyendo a lo largo de los años, es diversa y trata numerosos temas. Se trata realmente de una obra en cuya riqueza pueden encontrarse varias fuentes de inspiración, aun cuando no nos ubicamos bajo la influencia del estructuralismo. Por otro lado, habría que volver sobre el significado del concepto de estructuralismo. Varios autores de los años 60 han hecho progresar la reflexión sobre la sociedad, prolongando el análisis de Lévi-Strauss de la “alienación a lo social”. En la Introducción a la obra de Marcel Mauss notaba, en efecto, que es aquel que llamamos sano de espíritu quien se aliena, porque consiente en existir en un sistema definido por la relación del yo y del otro. Castoriadis mostró más tarde que todas las instituciones eran sistemas simbólicos sancionados. Althusser señaló que los propios dominantes estaban alienados en la ideología dominante. En fin, lo más claro de la influencia del estructuralismo en las ciencias humanas se expresa en el tema del a priori de lo simbólico. La dependencia del “sujeto” respecto del sistema de sentido (social) que lo preexiste siempre, es uno de los aportes más durables de la obra de Lévi-Strauss. Es la intuición fundamental la que encargó obras diferentes entre sí, bajo otros aspectos. Existe, sin duda, un uso excesivo del término “estructuralismo” en los años 60-70, del psicoanálisis lacaniano al marxismo althusseriano, y Lévi-Strauss, que tenía una concepción precisa y operatoria de su método, no siempre se sintió reconocido. Iría hasta sugerir que es el Lévi-Strauss de la Introducción a la obra de Marcel Mauss, texto partir del cual se conciben varios tipos de investigaciones, el que influenció, ante todo, el “estructuralismo” de las ciencias humanas. La referencia al estructuralismo pudo crear la ilusión de que las ciencias humanas eran, por su método, el equivalente de las ciencias exactas, lo cual no tiene ningún sentido, ya que sus objetos siempre son objetos históricos, tomados de la historia y que varían con ella. El universo que estudian los científicos hoy es el mismo que el del siglo pasado o, si ha cambiado, sus cambios no son históricos, es decir, ligados a una historia que es también la de aquellos que los observan, como es el caso de las ciencias humanas. El estructuralismo permanece actual y útil en tres aspectos. En primer lugar, define un método para el estudio de ciertos fenómenos, como el del parentesco y la alianza, que persiguen los discípulos de Lévi-Strauss, incluso en el contexto de las sociedades industriales. En segundo lugar, ofrece un instrumento de análisis crítico para el análisis de las ideologías y de las ilusiones de la evidencia que nos invaden hoy en día. En tercer lugar, propone un método materialista que aborda el funcionamiento del cerebro por la vía de sus realizaciones institucionales y de sus obras. El cognitivismo toma hoy en día el mismo camino, pero por la otra punta, la del aprendizaje. El agujero entre los dos extremos no está cerca de llenarse, pero la dirección es la correcta. En el mundo actual, el objeto de la antropología es el mismo: la relación, la relación social (entre el uno y el otro, entre el uno y los otros, los unos y los otros) en su contexto. Hoy, es el contexto el que ha cambiado. Se habla de globalización (económica y tecnológica), de urbanización (el mundo se convierte en ciudad y las grandes ciudades son mundos), de comunicación y de circulación. Pero los cambios contextuales afectan a la relación en sí misma. Las fronteras entre el uno y el otro, entre lo actual y lo virtual, lo real y la ficción, se mueven. Por sus objetos empíricos (los pequeños grupos), su objeto teórico (la relación) y su vocación crítica (apta para demostrar todas las formas de mitificación), la antropología tiene una vocación específica que es la de estudiar el mundo contemporáneo bajo su doble y contradictorio aspecto: uniformización y afirmación de las diferencias.
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